Manual para jugar en los columpios

Manual para jugar en los columpios

Por MARCELO EDUARDO GIORDANO

¿Parece fácil no? ¿Quién no ha jugado en los columpios? Tengo gratos recuerdos en los columpios, especialmente en los de Rivadavia, en el “Poli”. Tardes interminables con mi familia. Generalmente empezaban en el río Tunuyán. Pescábamos mojarritas con pan y una bolsa de cebollas. Si la suerte era mucha traíamos algunas a la casa y las poníamos en grandes frascos o incluso alguna vez en la pileta. Ya no queda agua en el río, ni mojarras ni mucho menos jarros de ese tamaño.

Después de “pescar” íbamos a los juegos. Columpios, toboganes, maromas y unos caballitos con resortes. Después venía lo mejor: la calesita. Aunque no tenía motor era lo mejor. Estaba tan llena que a veces ni siquiera tenías una figura para subirte, pero te quedabas parado. Era RE divertido.

Hace algunas semanas estuve tomando unos mates en la zona y recordando todas estas cosas.

En este viaje encontré dos diferencias, una que me hizo muy bien y una que me hizo muy mal.

Me hizo muy bien ver juegos para niños con capacidades diferentes. Seguramente los has visto. Están preparados para poder subir un niño en silla de ruedas. Que genio al que se le ocurrió esto. Parece obvio pero no lo es: los niños que usan silla de ruedas también quieren jugar. Pero como dije encontré algo que me hizo muy mal. Había niños que estaban “rompiendo” estos juegos. Pero ellos muchas veces no saben lo que hacen, para eso están los padres, para enseñarles. Pero los padres estaban al lado y no hacían nada. Que dolor. Cuanta felicidad perdida para los niños que usan esos juegos, cuanta plata de los contribuyentes gastada sin sentido y que mal ejemplo: hacer normal algo que hace tanto daño.

No encuentro palabras para continuar el relato. Me parece lamentable. Me gustaría preguntarle a estos papás la razón de dejar que sus hijos rompan los juegos. Seguramente tengan una explicación que desconozco.

Quiero dedicar este escrito a todos los que aman la vida, a los ilusos que piensan que cualquier niño puede jugar y por sobre todo a los que fueron a pescar alguna vez y hoy se sienten atrapados por el anzuelo de los indeseables.

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