La verdadera historia de la Independencia que se gestó en Mendoza y se parió en Tucumán

La verdadera historia de la Independencia que se gestó en Mendoza y se parió en Tucumán

Aunque el ícono de la declaración de la Independencia es Tucumán, desde Mendoza se ejecutó la mayor presión. El rol clave de José de San Martín y por qué necesitaba “un documento” que legitimara la gesta libertadora.

La Declaración de la Independencia era una urgencia, pues el proceso emancipador iniciado en mayo de 1810 demandaba una forma republicana para poder decidir sobre un sistema político propio, un nuevo marco de alianzas en el plano de las relaciones internacionales y el establecimiento de un renovado sistema económico. Dicha declaración independentista debería actuar como un respirador ante el yugo monárquico.

Además, San Martín necesitaba “un documento” que le diera crédito (lo legitimara) ante la lucha, permitiendo el reconocimiento externo de las Provincias Unidas. La anhelada

Cómo nació la Independencia argentina y por qué el 9 de julio de 1816 cambió la historia

Declaración era una herramienta imprescindible para que San Martín pudiera movilizar su ejército fuera de las fronteras de nuestro país. “En nombre de qué y de quiénes pelean; si siguen dependiendo del imperio que combaten”; podría ser un sencillo, pero contundente argumento.

Generalmente solemos “recortar” la Historia. Mostramos solamente la foto del día trascendente, y se nos escapa de contexto el resto de la película completa. Será el frecuente caso de la emotiva conmemoración del 9 de Julio de 1816, aquel día de la Declaración de la Independencia. Obviamente, nadie podrá negar lo glorioso de ese día. Lo relevante. Lo histórico. Pero también, hay que volver a decir, que en ese Congreso que declaró la independencia, hubo “una previa” y “un after office” (de ese 9 de Julio) tan significativos, que sin algunas anticipadas acciones hubiera sido imposible la Declaración o el mismo posterior sostenimiento de la Independencia.

El Congreso independentista se hizo en Tucumán. Pero se “gestó” en Mendoza.

El Congreso que empezó en Tucumán, generó una concreta obra maestra de la alta ingeniería política, buscando afanosamente “encontrarse” con la necesaria e imprescindible Declaración. Constituyó un punto de encuentro que posibilitó seguir transitando el camino.

El debate parlamentario (previo y posterior) fue fundamental en la concreción de la futura Independencia, considerando en paralelo una épica guerra mediante. Porque aun, líderes militares irrefutables de ese momento, necesitaron de la gestión política (a pesar de pensar distinto) para sobreponerse patrióticamente a la coyuntura.

Hay quórum

De los congresales acreditados, 29 firmaron la Declaración. Entre los que no firmaron estaba Pueyrredón. Éste había sido designado Director Supremo e iba camino a Córdoba para reunirse con San Martín. Cuando llegó se enteró por San Martín de la declaración, prueba evidente de quién era el hombre fuerte del momento.

El Congreso había empezado sus sesiones el 24 de marzo de 1816 y se trasladó a Buenos Aires el 4 de febrero de 1817. De 250 días hábiles, el Congreso sesionó en 239 oportunidades. Resaltemos que 60 de esas reuniones fueron secretas. Los sueldos mensuales de los congresales oscilaban en 90$ (un peón de campo cobraba 10$; un maestro 30$; un comisario 45$). Aclaremos que la mayoría nunca cobraron y que debieron hacerse cargo de todos los gastos. La tarea fue ardua. La convocatoria tenía dos objetivos básicos: el fundamental era declarar la independencia. El otro, postergado: sancionar una constitución.

El mundo en contra

Restablecido en el trono español Fernando VII, derrotado Napoleón, formalizada la restauradora “Santa Alianza”, afianzados los portugueses en Brasil, sofocados todos los proyectos independentistas americanos surgidos de las luchas libertarias (Hidalgo y Morelos en México. Artigas en la Banda Oriental), más el rotundo fracaso de las campañas al Alto Perú, todo pintaba un oscuro panorama. Además, derrotadas las insurrecciones americanistas en Cartagena, Bogotá, Nueva Granada, Santiago y consolidada la elite aristocrática españolista en Lima, hacían de Buenos Aires la única ciudad capital de América que resistía al absolutismo, y de Mendoza, embrión de la campaña sanmartiniana, la última esperanza para concretar la anhelada emancipación.

La cuestión interna

Tan complejo como lo anterior, en el ámbito “doméstico” empezarán a subyacer dos posturas que surcarán el derrotero de la historia nacional. A las mal intencionadas dudas que generaba San Martín en el “establishment” porteño, se sumaba el divorcio entre dos grupos bien diferenciados: 1) El grupo porteño; sostenedores de una doctrina liberal, y cuyo principal objetivo político y económico era la hegemonía de Buenos Aires, y 2) El grupo criollo y rural; representante de los intereses del litoral o del interior mediterráneo.

A su vez, el clima político reinante en el Congreso tucumano también mostrará una rica gama de opiniones. Conviven concepciones monárquicas, republicanas, partidarios de un protectorado inglés, y hasta el sueño de un emperador inca como modo de “americanizar” el nuevo Estado y lograr el apoyo de la población nativa (posición de Manuel Belgrano).

Había tres cosas más: un ejército de veteranos soldados profesionales españoles golpeaban las puertas del Alto Perú, una flota de expertos marinos europeos estaba por zarpar de Cádiz para atacar Buenos Aires y tras el triunfo español en la batalla de Rancagua (recuperación de Santiago mediante) los realistas en Chile se afianzaban para cruzar Los Andes y arremeter contra Mendoza.

“Mendoza, la que acunó la libertad”

La conmemoración del 9 de julio hará que la provincia de Mendoza ocupe un lugar preponderante en la memoria colectiva nacional debido al enorme protagonismo que le cupo a San Martín, al ejército en la provincia cuyana y a las mujeres y hombres de Mendoza.

Desde Mendoza, con San Martín como líder, se llevó adelante el proceso político y militar. Ese 9 de Julio de 1816 será la fecha patria referencial para Mendoza; más que el mismo 25 de mayo, donde la noticia no solo llegó tarde, sino que el protagonismo de ese histórico momento giró sobre otros actores, con otros intereses y en otros espacios.

Indudablemente el gran valor político de San Martín y sus operadores, fue la capacidad que mostró desde Mendoza para incidir en la elección de congresales, siendo una de las pocas asambleas nacionales en nuestra historia donde el interior tuvo mayoría ante la égida porteña. Y si bien en el Congreso de Tucumán no estaban representadas todas las provincias de la Nación, el grito de libertad se escuchó más allá de América.

A tal punto era necesaria la Declaración, que de retrasarse el proceso iniciado en Cuyo, San Martín hubiera perdido tiempo y esfuerzos en Mendoza. La iniciativa bélica, que debí librarse durante ese verano de 1817, hubiera pasado a manos del ejército español, siendo muy dificultoso que el ejército pudiera cruzar la cordillera, puesto que los españoles habrían roto la inexpugnable defensa norteña sostenida heroicamente por Güemes junto a sus “infernales”.

En paralelo, los adversarios internos de San Martín lo habrían hecho renunciar y seguramente habrían depuesto a Pueyrredón (un garante de los intereses del plan continental sanmartiniano), que había sido elegido como congresal por San Luis y nombrado posteriormente Director Supremo de las Provincias Unidas con el apoyo de San Martín. Como consecuencia, la independencia americana se habría retrasado, vaya a saberse por cuento tiempo, con consecuencias y derivaciones impredecibles.

Garra, corazón e independencia

Será entonces, la tierra natal de los indios calchaquíes y diaguitas; aquella histórica Tucumán, el lugar que se convirtió en el centro de atención del antiguo virreinato, ante la atenta mirada del mundo político americano y europeo, cuando un grupo de congresales emitía el trascendente documento que declaraba que ese 9 de julio de 1816 había nacido una “nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli, y de toda dominación extranjera”. Y cuando pareció que todo se derrumbaba, San Martín y Mendoza se convirtieron en la última esperanza que empujó la necesaria Independencia que terminó naciendo en Tucumán, abriendo paso a la otra etapa revolucionaria que tras cruzar Los Andes terminará brindando la libertad a medio continente.

Gentileza del Prof. Gustavo Capone

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