Manual para bailar lentos

Manual para bailar lentos

Por Marcelo Giordano

Como siempre digo no creo en el dicho “todo tiempo pasado fue mejor”, pero hay cosas que ya no están y se extrañan mucho. Una de ellas es “bailar lentos”.

Yo soy nacido en el año 1978 y llegado 4to grado llegó un compañero a la escuela que me empezó a preguntar qué chica me gustaba. Aunque a principios de clase no entendía la pregunta, su insistencia y las hormonas empezaron a dar respuesta a este amiguito. Asi pronto empezaron los bailecitos. Bastaba un radiograbador de los comunes y cada uno llevaba sus casettes siempre grabados de la radio, por lo cual empezábamos a bailar una canción y enseguida se escuchaba: “estas en la noche de 105.7 Radio Merlín”. Pero eso no importaba. Después venían algunos lentos. La técnica para bailarlos era sagrada. Las chicas con los brazos estirados y las manos tocando los hombros del agraciado muchacho. El agraciado en cambio ponía las manos en la cintura de la chica apoyando tres dedos. Si estabas embalado y la chica era tu novia podías apoyar la mano completa. Pero ese era el límite máximo.

Para ponerte de novio la técnica era bastante compleja, generalmente era compañera de la escuela y tenías que utilizar una tecnología muy antigua llamada “carta”. Escribías un papel y le decías que querías hablar con ella en el recreo. La carta viajaba de mano en mano y tenías que tener cuidado que la Señorita no te la agarrara. Ya en el recreo dabas vueltas y no te animabas a decirle nada hasta que tu mejor amigo te arengaba y le decías: ¿Querés andar conmigo? Era todo un evento. Que lindo. Generalmente te decía que sí….. porque vos ibas a lo seguro.

Después llegabas a tu casa y cantabas algún tema de César “Banana” Pueyrredón pensando en ella o de Eddie Sierra si eras avanzado. Pero rara vez le hablabas de nuevo. Eso era muy vergonzoso.

Pronto fuimos creciendo y ya empezamos a ir a bailar a los matineé de la escuela San Martín. Tu mamá te daba plata para la entrada, para el pancho y la coca y nada más. Con esos australes eras millonario. No hacía falta nada más para ser feliz.

Pero el tiempo siguió pasando y llegamos a ir a los boliches. Eso eran las ligas mayores. Había que competir con los chicos más grandes y los que tenían auto. Los que tenían auto se ponían siempre un jean mostrando las llaves, para que todo el boliche supiera que vos eras un tipo de guita. Después nos dimos cuenta que éramos grandes y teníamos auto pero las chicas tampoco salían a bailar con nosotros, pero esos es otro tema

En los boliches sacábamos a bailar a las chicas y generalmente te decían que iban al baño y no venían más. Después las veías bailando con otro, muchas veces esos usaban jeans con una llave de auto colgando.

Pensando en frío nunca se me ocurrió comprarme unas llaves de auto para presumir. Quizás hubiese funcionado.

Y con suerte tenías con quien bailar y venía la primera tanda de lentos. Acá tenías que estar muy muy afilado para que la chica baile con vos. Pasaban algunos temas de Phil Collins y Air Suplly y venía otra vez los movidos. Ahí era matar o morir, sacar a bailar a la que viniera ya que venía la última ronda de lentos…… último momento para hacer valer tu entrada. Que suerte cuando te tocaba bailarlos. Ya no se bailaba a tres dedos…. los maestros bailaban en una baldosa. Y llegaba el último momento….. PRENDER LA LUZ….. ahí se veía la faena. Yo no voy a hablar de mis experiencias pero les puedo asegurar que varias de las que bailaron conmigo se deben haber llevado tremenda sorpresa al verme con luz. Nunca fui fachero pero la peleaba como si fuera la última batalla. Pobres chicas.

Te venías con los amigos. Feliz de haber hecho lo que más te gustaba: en una noche empezabas disfrutando con tus amigos, seguías con alguna chica y después venías hablando en el micro con tus amigos de nuevo. Casi no se podía pedir más.

Dedico este escrito a mis amigos de 4to B de la escuela Nuestra Señora del Líbano: Damián, Cristian, Carolina, Laura, Marcos, Marité, Laurita y todos los que estaban firmes en los bailecitos

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